miércoles, 23 de abril de 2014

LA HISTORIA INTERMINABLE - Michael Ende

Cogió el libro y lo miró por todos lados. Las tapas eran de color cobre y brillaban al mover el libro. Al hojearlo por encima, vio que el texto estaba impreso en dos colores. No parecía tener ilustraciones, pero sí unas letras iniciales de capítulo grandes y hermosas. Mirando con más atención la portada, descubrió en ella dos serpientes, una clara y otra oscura, que se mordían mutuamente la cola formando un óvalo. Y en ese óvalo, en letras caprichosamente entrelazadas, estaba el título


LA HISTORIA INTERMINABLE

Las pasiones humanas son un misterio, y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores. Los que se dejan llevar por ellas no pueden explicárselas, y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, puede explicar realmente por qué. Otros se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruyen a sí mismos por no saber resistir los placeres de la mesa... o de la botella. Algunos pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuantos creen que sólo serán felices en algún lugar distinto, y recorren el mundo durante toda su vida. Y unos pocos no descansan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay.

La pasión de Bastián Baltasar Bux eran los libros. Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado...

Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque Papá o Mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito...

Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido...

Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bastián hizo entonces. Miró fijamente el título del libro y sintió frío y calor a un tiempo. Eso era, exactamente, lo que había soñado tan a menudo y lo que, desde que se había entregado a su pasión, venía deseando: ¡Una historia que no acabase nunca! ¡El libro de todos los libros!

PEDRO PÁRAMO - Juan Rulfo

Allá atrás, Pedro Páramo, sentado en su equipal, miró el cortejo que se iba hacia el pueblo. Sintió que su mano izquierda, al querer levantarse, caía muerta sobre sus rodillas; pero no hizo caso de eso. Estaba acostumbrado a ver morir cada día alguno de sus pedazos. 

Vio cómo se sacudía el paraíso dejando caer sus hojas: «Todos escogen el mismo camino. Todos se van». Después volvió al lugar donde había dejado sus pensamientos.

«Susana -dijo. Luego cerró los ojos-. Yo te pedí que regresaras...

»... Había una luna grande en medio del mundo. Se me perdían los ojos mirándote. Los rayos de la luna filtrándose sobre tu cara. No me cansaba de ver esa aparición que eras tú. Suave, restregada de luna; tu boca abullonada, humedecida, irisada de estrellas; tu cuerpo transparentándose en el agua de la noche. Susana, Susana San Juan.»

Quiso levantar su mano para aclarar la imagen; pero sus piernas la retuvieron como si fuera de piedra. Quiso levantar la otra mano y fue cayendo despacio, de lado, hasta quedar apoyada en el suelo como una muleta deteniendo su hombro deshuesado.

«Ésta es mi muerte», dijo.

El sol se fue volteando sobre las cosas y les devolvió su forma. La tierra en ruinas estaba frente a él, vacía. El calor caldeaba su cuerpo. Sus ojos apenas se movían; saltaban de un recuerdo a otro, desdibujando el presente. De pronto su corazón se detenía y parecía como si también se detuviera el tiempo y el aire de la vida.

«Con tal de que no sea una nueva noche» , pensaba él.

Porque tenía miedo de las noches que le llenaban de fantasmas la oscuridad. De encerrarse con sus fantasmas. De eso tenía miedo.

«Sé que dentro de pocas horas vendrá Abundio con sus manos ensangrentadas a pedirme la ayuda que le negué. Y yo no tendré manos para taparme los ojos y no verlo. Tendré que oírlo, hasta que su voz se apague con el día, hasta que se le muera su voz.»

Sintió que unas manos le tocaban los hombros y enderezó el cuerpo, endureciéndolo.

-Soy yo, don Pedro -dijo Damiana-. ¿No quiere que le traiga su almuerzo?

Pedro Páramo respondió:-Voy para allá. Ya voy.

Se apoyó en los brazos de Damiana Cisneros e hizo intento de caminar. Después de unos cuantos pasos cayó, suplicando por dentro; pero sin decir una sola palabra. Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras.

VENTANAS DE MANHATTAN - Antonio Muñoz Molina

La radio desgrana en mi oído escenas de desgracia y terror, y nadie sabe calcular el número de muertos, pero en la terraza de un café hay quien desayuna apaciblemente, y el cielo hacia el sur sigue estando limpio. 

En la emisora se escuchan voces de testigos: una multitud llena el puente de Brooklyn abandonando Manhattan, y en la voz del que la cuenta esa huida tiene algo de gran peregrinación bíblica. De pronto me doy cuenta de lo lejos que estamos de nuestro país y nuestra casa, atrapados en una isla de la que no se sabe cuándo volverán a despegar aviones de pasajeros, una isla tan densamente habitada como un hormiguero o una colmena y no menos  vulnerable, unida al mundo exterior por unos pocos puentes y túneles que en cualquier momento otro ataque podría destruir, que se volverán trampas mortales si multitudes despavoridas quieren escapar por ellos. 

Lo que damos más por supuesto, el agua corriente, el suministro eléctrico, es tan frágil como la estructura de esas torres de acero que parecían indestructibles, y si el agua y la electricidad faltan por un nuevo sabotaje la vida entera de cada uno de nosotros se desmoronará en penuria, terror y confusión.

Acaban de decir que uno de los aviones fue secuestrado en el aeropuerto de Newark, al otro lado del río Hudson. Pero las tiendas siguen abiertas, y cuando se extingue el sonido de la última sirena que acaba de pasar resalta con más claridad el silencio de la gente en la calle. En la esquina, el hombre negro y enorme que pide una ayuda para los homeless y recita bendiciones cada vez que alguien le deja una moneda se ha quedado callado y mira con extrañeza al gentío que pasa ante él, hombres que se han aflojado las corbatas y llevan ahora las chaquetas al hombro, mujeres con tacones y carteras de mano que hablan por teléfonos móviles. 

Las sirenas se escuchan muy lejos ahora. Camino aturdido y extranjero entre la gente y no sé cuál es la realidad, si lo que escucho en la radio que llevo pegada al oído o lo que estoy viendo con mis ojos en la mañana soleada y caliente de Nueva York.

SAMARCANDA - Amin Maalouf

      En el fondo del Atlántico hay un libro. Yo voy a contar su historia. Quizá conozcan su desenlace, ya que sus tiempos los periódicos lo refirieron y luego algunas obras lo citaron: cuando el Titanic naufragó durante la noche del 14 al 15 de abril de 1912, mar adentro a la altura de Terranova, la más prestigiosa de víctimas fue un libro, un ejemplar único de los Ruba'iyyat de Omar Jayyám, sabio persa, poeta, astrónomo.

     De este naufragio hablaré poco. Unos valoraron en dólares la desgracia y otros enumeraron debidamente los cadáveres y las últimas palabras. Seis años después, sólo me obsesiona aun ese ser de carne y tinta del que fui, por un momento, el indigno depositario.

    ¿No fui yo, Benjamin O. Lesage, quien se lo arrancó a su Asia natal? ¿No fue en mi equipaje donde se embarcó en el Titanic? ¿Y quién interrumpió su milenario recorrido sino la arrogancia de mi siglo?

   Desde entonces el mundo se ha cubierto cada día más de sangre y de tinieblas, y a mí la vida no me ha vuelto a sonreír. He tenido que separarme de los hombres para escuchar únicamente las voces del recuerdo y acariciar una ingenua esperanza, una insistente visión: mañana lo encontrarán. 

   Protegido por su cofre de oro, emergerá intacto de las oscurassombras marinas, enriquecido su destino con una nueva odisea. Unos dedos podrán acariciarlo, abrirlo, hundirse en él; unos ojos cautivos seguirán de margen en margen la crónica de su aventura, descubrirán al poeta, sus primeros versos, sus primeros, embelesos, sus primeros temores. Y la secta de los Asesinos. Luego, se detendrán incrédulos ante la pintura del color de la arena y la esmeralda. No tiene fecha ni firma, sólo estas palabras, fervientes o desengañadas: 

Samarcanda, el más bello rostro que la Tierra haya vuelto jamás hacía el sol.


 Dime ¿qué hombre no ha transgredido jamás tu Ley?
 Dime ¿qué placer tiene una vida sin pecado?
 Si castigas con el mal el mal que te he hecho,
 Dime ¿cuál es la diferencia entre Tú y yo?

 Omar Jayyám

jueves, 20 de marzo de 2014

A CAPELA

Del italiano: "a cappella" (Significa "como en la capilla", aludiendo a que en las capillas e iglesias cristianas estuvo prohibido el uso de instrumentos desde la introducción del gregoriano hasta finales de la Edad Media). 

Es la forma de crear música únicamente a través de la voz humana generando los sonidos, ritmo, melodía y armonía necesarias y sin necesidad de ningún tipo de instrumento musical.





sábado, 2 de noviembre de 2013

¡¡¡ QUE NO PARE LA MÚSICA !!!

Todas las experiencias del bebé, como ver la sonrisa de su madre o escuchar una charla entre sus padres, fortalece y forja la unión entre grupos de células que inducen a la positividad. Aquellas partes del cerebro que no son usadas, tienden a atrofiarse.
 
Por esta razón, las primeras experiencias de un niño pueden ayudar a determinar cómo será cuando crezca. Algunos investigadores creen que el aprendizaje con música podría ser una de las experiencias que actúan de manera favorable para que estas conexiones del cerebro se realicen.
 
¿Que es la Música? Difícil sería dar una definición exacta de lo que abarca este amplio campo de la combinación de los sonidos con el tiempo, ya que Arte y Ciencia se hermanan en este concepto.
 
La mejor música para un bebé es el sonido que emite su mamá, pues es el que ha estado escuchando durante nueve meses, los del embarazo.

La música tiene el don de acercar a las personas. El niño que vive en contacto con la música aprende a convivir de mejor manera con otros niños, estableciendo una comunicación más armoniosa con el mundo que le rodea. 
 
Desgraciadamente, parece ser que las madres de muchos de los políticos de nuestro país, no tuvieron mucho tiempo para cantarle a los "porejitos chiquillos"... Y así nos va...


 
 

Fuente: mibebeyyo.com

viernes, 1 de noviembre de 2013

SIMBIONTES FLAMENCOS

El término simbiosis (del griego: σύν, syn, ‘con’; y βίωσις, biosis, ‘vivir’) es una forma de interacción biológica que hace referencia a la relación estrecha y persistente entre organismos de distintas especies, el cante de Marina y el compas a la guitarra de Diego, por ejemplo. A los organismos involucrados se les denomina simbiontes. ¡Ahí queda eso...!